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Opinión - SOStenibilidad
Escrito por Isabel Aguilera   
lunes, 26 de enero de 2009

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Desde hace meses es una constante escuchar y leer a diario sobre los múltiples y graves efectos de esta crisis de la que nadie se escapa, aunque algunos se proclamen inmune. Pero en paralelo saltan a la palestra propuestas y medidas para minimizar el impacto y abordar soluciones, bien sea desde la empresa privada, las asociaciones sectoriales, los gobiernos central, autonómico y local, la Unión Europea u otras instituciones públicas internacionales.

 

 

 

 

 

Municipios sostenibles, una oportunidad

 

Este maremagno de soluciones nos lleva a reflexionar de modo especial sobre la apuesta del Gobierno por las Administraciones Locales a través de la inyección de 8.000 millones de euros a los municipios españoles para facilitar la creación de puestos de trabajo y revitalizar la economía local a través de nuevos proyectos de obra pública. Esto es, sufragar la rehabilitación de inmuebles, los servicios municipales, la apuesta por la tecnología, la movilidad sostenible, la eliminación de barreras arquitectónicas o la seguridad vial, entre otras áreas.

Lógicamente, es una medida que los municipios deben adoptar de forma inminente, pues está muy condicionada en el tiempo, pero tras esta inmediatez de actuación existe el riesgo de acometer proyectos que, si bien tendrán los efectos positivos buscados a corto plazo, puede que no lo tengan después en el largo. Pensemos, por ejemplo, en una infraestructura que exige un consumo energético muy elevado; carecerá de sentido bajo el prisma del desarrollo sostenible.

Es evidente que esta medida debería acelerar la adaptación y respuesta de los municipios a sus desafíos en esta materia y ante su necesidad de planificar y rediseñar su modelo de crecimiento a largo plazo. Una estrategia que, en definitiva, configurará el tipo de ciudad en el que viviremos en el futuro, esto es, si me lo permiten, cómo seremos los humanos en los años venideros y cuáles serán nuestras prioridades y preocupaciones.

Para garantizar la calidad de vida de los ciudadanos, es un factor indispensable que una ciudad crezca de acuerdo con los fundamentos del desarrollo sostenible. Su aplicación a la arquitectura, el urbanismo y la planificación del territorio, la eficiencia energética o la conservación y el aprovechamiento de recursos son clave ante el reto de las autoridades municipales de evolucionar en la dirección acertada.

Problemas como el cambio climático o la inestabilidad de los precios del combustible tienen consecuencias complejas y a veces sorprendentes en el ámbito local. Los nuevos entornos modifican los hábitos residenciales y vitales de los ciudadanos y, paralelamente, sus necesidades de bienestar. Así, los consistorios deben adaptar el servicio prestado a los ciudadanos a los nuevos paradigmas y macrotendencias que están marcando, en definitiva, la agenda municipal.

A pesar de estar tan manido, y en muchas ocasiones mal empleado, el desarrollo sostenible es la línea estratégica más directa al progreso de las ciudades, sea cual sea su dimensión. De hecho, el desarrollo sostenible es para la Unión Europea el motor principal de la evolución mundial. Los modelos de crecimiento que en él se apoyan ofrecen nuevas y amplias perspectivas a los municipios, puesto que encierran un gran potencial de innovación y dinamismo.

Una ciudad planificada y gestionada con criterios de sostenibilidad permite valorizar su patrimonio natural e inmobiliario así como los recursos socioeconómicos del municipio. Se consigue que las ciudades sean más competitivas, atractivas, limpias y seguras y, en definitiva, posicionarse respecto a los criterios de bienestar y calidad de vida, la máxima para una ciudad del siglo XXI.

Por todo esto, los ayuntamientos -todos- necesitan optimizar sus inversiones y redirigir los modelos de crecimiento adoptados hasta ahora, tristemente caracterizados en muchos casos por el despilfarro de recursos, la ineficiencia energética, la falta de gestión de residuos o la degradación del medioambiente urbano. Ésta ha de ser la apuesta: invertir de forma planificada. Cada ciudad es diferente, pero el reto y las oportunidades son comunes.

Bajo este contexto, la innovación y las soluciones tecnológicas juegan un papel primordial. La mayoría de las orientaciones estratégicas y tendencias adoptadas en la Unión Europea para adaptar los principios del desarrollo sostenible a las ciudades coinciden en prestar atención a algunos de los aspectos, todos ellos básicos en la planificación urbanística, dotacional y tecnológica de los municipios del futuro, que abordo a continuación.

Uno de estos puntos clave para las Administraciones Públicas es la eficiencia energética. Los consistorios deben tender a una gestión integral de todos los servicios prestados a los ciudadanos desde la perspectiva de la eficiencia y del ahorro de energía, desde el fomento del empleo en energías renovables o el control del tráfico rodado, hasta un alumbrado público más eficiente y menos contaminante.

Otra línea de actuación a tener en cuenta por parte de los municipios es la conservación del agua. Las ciudades requieren una importante red de distribución, posibilidades de almacenamiento y de tratamiento del agua para su buen funcionamiento. Sin embargo, la Comisión Europea ha amenazado a España con emprender acciones legales por el incumplimiento de las normas comunitarias de tratamiento de aguas residuales en más de 400 pueblos y ciudades el pasado mes de noviembre. La necesidad de construir nuevas centrales depuradoras es, por tanto, acuciante, y las administraciones han de enfocar sus inversiones en este ámbito hacia las nuevas tecnologías de depuración, reutilización o desalación. Ahora bien, hay que tener presente que instalar una depuradora no es necesariamente sostenible, sino que ha de serlo el proyecto en su conjunto, orientado a minimizar su huella ecológica o impacto.

La gestión de los residuos y el tratamiento de olores son otros de los retos a los que se enfrentan los núcleos urbanos ante el futuro y los ayuntamientos han de adoptar soluciones eficaces para gestionarlos siendo respetuosos con el medioambiente.

De hecho, los municipios de más de 5.000 habitantes tienen la obligación de recoger y tratar dichos residuos. Precisan, por tanto, soluciones innovadoras, por ejemplo, para el aprovechamiento del biogás proveniente de la fermentación de los residuos urbanos, de lodos de depuradoras o desechos industriales, pues gracias a la tecnología pueden ser transformados en calor o electricidad para abastecer a los hogares de la zona.

Y otro aspecto más de sostenibilidad de las ciudades va más allá de lo medioambiental y está relacionado con el confort y el bienestar de los seres humanos: la seguridad y la salud. Un equipamiento mínimo en diagnóstico por imagen puede reducir en un 30% la mortalidad del cáncer de mama en la población femenina del municipio y la existencia de desfibriladores en equipamientos educativos, deportivos, culturales y estaciones, aeropuertos y otros edificios públicos puede, disminuyendo el coste de su tratamiento, aumentar el número de vidas salvadas tras sufrir un infarto cardiaco o cerebral (la primera y la tercera causa de muerte en el mundo). Los ayuntamientos tienen el desafío de conseguir ciudades más seguras, especialmente ante el incremento de la delincuencia, teniendo en cuenta que dichas tecnologías no han de ser invasivas y han de resultar casi imperceptibles en el día a día de los ciudadanos. Es lo que podemos llamar "tecnología invisible".

En definitiva, los municipios necesitan soluciones tecnológicas innovadoras, creativas y flexibles que contribuyan a poner en marcha un nuevo modelo de planificación urbanística regida por principios de desarrollo racionales, destinados a favorecer el bienestar y la calidad de vida de los ciudadanos. Es la hora de transformar la utopía de la ciudad sostenible en una realidad y, aunque parezca mentira, la crisis está dando una oportunidad.

Isabel Aguilera es presidente de General Electric para España y Portugal. Es también arquitecto y urbanista.

 

Vía: EL PAÍS.com

 

Comentarios
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nikomallas   |05-03-2009 22:56:03
Me imagino un grupo de almejas entre la arena de una playa discutiendo acaloradamente con toda su sabiduría y experiencia para encontrar la mejor estrategia a seguir con el fin de mitigar la subida y bajada de la marea que tanto les afecta, cómo afrontarla, decidiendo si soltar el agua que tienen dentro de sus conchas cuando baja o rellenar los huecos entre los granos de arena cuando sube para que la subida sea menor...
Veo a los "gurús" de la economía más como notarios que como agentes influyentes "tomadores de decisiones".
En cualquier caso, me gusta pensar en lo "macrogenérico" pero humildemente me limito a la eficacia de lo concreto
Jesús   |06-03-2009 09:41:11
Hola nikomallas

Lamentablemente tu comentario se ha grabado sólo parcialmente, pero creo ver por donde vas.

En mi opinión, los poderes políticos están condicionados a límites impuestos por otros intereses superiores a ellos. Creo que las soluciones energéticas y sostenibles deben tomarse desde la base y por convicción, no por imposición, lo que actualmente es bastante utópico.

A modo de ejemplo:
- Problema: En mi vivienda hace mucho calor en verano.
- Solución 1: Puedo poner un sistema de aire acondicionado.
Pero claro, según la previsión de escasez de recursos energéticos, el precio de la electricidad se puede disparar en los próximos años, por lo que habría que instar a las administraciones públicas a seguir una política más fuerte de inversión en renovables, en aras de una menor dependencia energética. No obstante, existe un límite impuesto por acuerdos previos con corporaciones energéticas, que darán al traste con cualquier intento de salirnos de esa espiral.
Así pues, debo asumir el alza de los precios si quiero una mejora en las condiciones de confort de verano en mi vivienda, ya que no puedo luchar contra eso.

- Solución 2: Un toldo y un ventilador (si hiciese falta).
Se me ocurren muchos más ejemplos. Lamentablemente, la ignorancia y la falta de ánimo, hará que el 99% ponga su equipo de aire acondicionado, ya que desconoce que no le hace falta (en muchos casos).

Un saludo
nikomallas   |15-03-2009 21:21:14
Mis conocimientos técnicos no alcanzan para entrar en detalles. Simplemente expresé una opinión de alguien de "a pié".
Para aclarar lo de pensar en grande y actuar en pequeño, a modo de ejemplo hago una pregunta ¿alguien se para a pensar que por cada dos calorías que extraigo de mi vivienda con la instalación de aire acondicionado lanzo tres calorías a la calle? Eso en el mejor de los casos, utilizando un sistema de bomba de calor perfectamente diseñada e instalada e independientemente del origen de la energía que lo haga funcionar. Es decir, la calle está caliente y se calienta mi casa, pongo el aire acondicionado y mi casa se enfría pero la calle se calienta todavía más.
No se cual es la solución, tal vez necesitemos observar más la naturaleza (nunca se si pone ante nosotros lo que necesitamos o nos las arreglamos con lo que tiene), estudiar los termiteros, hacer un balance térmico del abanico o reinventar el botijo. Lo que si es cierto es que no soy de los que defienden la vuelta a la caverna.
Con todo mi respeto y humildad, pienso que hay un cierto desequilibrio entre el poder de decisión de algunos cargos públicos y el nivel de (no digo conocimiento porque cada persona tiene sus limitaciones) asesoramiento profesional sobre los temas a decidir.
Saludos y muchas gracias.
Jesús   |10-04-2009 21:14:39
Hola de nuevo nikomallas

Tus comentarios son cuanto menos "refrescantes", desde mi óptica de que aparentemente se ha devaluado la capacidad de pensar, o al menos, existe una gran desorientación en el uso de nuestra capacidad de reflexión.

Tu ejemplo de la bomba de calor es muy correcto. Sin embargo, sí se está haciendo un esfuerzo importante por recuperar ese calor que expulsamos al aire caliente de la calle, mediante sistemas de aprovechamiento por condensación por agua. No entro en detalles, pero el hecho es que no se sabe muy bien qué hacer con ese excedente térmico. Otro ejemplo en la misma línea sería el excedente térmico que se produce en las placas solares (no fotovoltaicas), ya que si no dispones de una piscina para poder acumular el calor y atemperarla un poco, te ves obligado a deshacerte de dicho exceso. Algunas soluciones propuestas son la acumulación geotérmica, o incluso en grandes depósitos de agua, al igual que las termas romanas, las cuales también se utilizaban como sistema de calefacción. Otro uso menor sería el empleo de electrodomésticos bitérmicos, con entrada de agua caliente ...

Te doy un 10 en tu indicación sobre "observar la naturaleza". Tampoco yo considero que debamos volver a las cavernas. Muchas de las soluciones energéticas que vamos a ver en los próximos años, van a venir de la mano de la lógica y de la observación del medio. Me refiero a la naturaleza y a nosotros mismos como parte integrante de ella. Recientemente, hemos presentado un proyecto de climatización de un edificio singular, basándonos en el botijo, sin intercambio de energía con el medio. Cuando planteas el sistema a aquellos con capacidad de decisión, se deben siempre romper unos mínimos tabús, con la convicción de que los sistemas "sencillos" también funcionan. En unas ponencias a las que asistí recientemente sobre edificios con torres de viento, se me quedó una frase del moderador: "Aún no conozco a nadie que pase calor a 28ºC delante de un ventilador".

Un saludo y gracias por tus comentarios
nikomallas   |09-04-2009 17:25:33
¿Nadie tiene nada que decir? ¿No interesa lo suficiente el tema?
Jesús   |11-04-2009 21:40:45
Desafortunadamente, este no es un tema que interese a la mayoría.

Como comenté anteriormente, creo que las soluciones energéticas y sostenibles deben tomarse desde la base y por convicción, no por imposición, lo que actualmente es bastante utópico. A fecha de hoy, las iniciativas en este área sólo pueden adoptarse de forma individual o a pequeña escala.

Con un poco de suerte, habrá muchas pequeñas iniciativas, en previsión de un futuro poco favorable.

Saludos
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