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Artículos - SOStenibilidad
lunes, 08 de septiembre de 2008

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Va siendo tiempo de recordar aquella intervención de Nicolás Sarkozy, acerca de las medidas a adoptar para afrontar la escasez de recursos y comenzar una nueva fase de adaptación hacia modos de vida sostenibles. Aquel discurso, quizás olvidado por muchos, daba una serie de pautas lógicas sobre cuales deberían ser las nuevas tendencias con el consumo y la agricultura como ejes principales. El desarrollo de una nueva hoja de ruta para Francia y Europa.

Aunque se sigue insistiendo la viabilidad del "crecimiento sostenible", la puesta en marcha de las iniciativas citadas en la exposición del Presidente de la República del "decrecimiento", representan la mejor orientación que cualquier país puede tomar a la vista de la actual situación.

Nicolás Sarkozy, acompañado de Al Gore, premio Nobel, y José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, anunció el pasado 25 de octubre de 2007 oficialmente la nueva revolución ecológica francesa con un ambicioso programa de acción: lanzamiento de una ecotasa para camiones, normas ecológicas de construcción, frenar la construcción de autopistas y elaboración de un programa europeo para combatir el cambio climático.

Discurso del Presidente de la República con motivo de la entrega de las conclusiones de la Conferencia multipartita medioambiental (“Grenelle de l’Environnement”)

 

UNA LUZ DE ESPERANZA PARA EUROPA

 

Señor Primer Ministro,
Señor Presidente del Senado,
Señor Presidente de la Asamblea Nacional,
Señoras y señores Ministros,
Señor Presidente Al GORE,
Señor Presidente BARROSO:

Mi primer saludo lo dirijo a todos los que han trabajado por el éxito de esta conferencia multipartita medioambiental (“Grenelle de l’Environnement”) que perdurará como un momento importante en la toma de conciencia de nuestra sociedad de que ya no puede seguir viviendo en el despilfarro ni despreocuparse de las consecuencias de su forma de vida, producción y consumo para el futuro del planeta.

Deseo dar la bienvenida al Presidente de la Comisión Europea, Sr. José Manuel Barroso, que testimonia con su presencia el compromiso de Europa a favor del desarrollo sostenible. Gracias a él podemos contar con el apoyo de la Comisión, estoy convencido, para llevar a cabo la verdadera revolución que queremos emprender, a lo que también nos invita la conferencia multipartita medioambiental que concluye hoy la primera parte de sus trabajos.
Una revolución de nuestra forma de pensar y de decidir.
Una revolución de nuestro comportamiento, nuestras políticas, nuestros objetivos y nuestros criterios.
A José Manuel Barroso quiero expresarle el apoyo total de Francia y, si me lo permite, mi amistad personal.
Quiero también agradecer la presencia del ex Vicepresidente Al Gore y de la Sra. Wangari MAATHAI, ambos galardonados con el Premio Nóbel de la Paz. Ellos figuran entre quienes encarnan esta revolución, quienes la desearon antes que los demás, quienes anunciaron su necesidad antes que nadie, quienes no vacilaron, sobre todo Usted, Sr. Presidente Al Gore, en oponerse al escepticismo en su propio país, en ignorar los prejuicios y en atacar las posiciones conservadoras.
Usted forma parte de quienes nos enseñaron a mirar hacia el futuro lejano y a no permanecer prisioneros de cálculos miopes.
Usted hizo un llamamiento a nuestra responsabilidad; nos obligó a plantearnos qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos.
Y usted nos hizo entender que habíamos superado los límites de lo que puede soportar nuestro planeta.

Francia no tiene por qué ruborizarse de lo que ha hecho hasta ahora.

Nuestras emisiones de gas a efecto de invernadero son inferiores en un 21% por habitante a la media europea, e incluso del 30 al 40% con respecto a nuestros grandes vecinos. Pero eso no es un motivo. Francia es el segundo productor europeo de energía renovable. Francia tiene una riqueza natural inestimable.

Francia no está rezagada pero ahora quiere estar a la vanguardia. Y ese es el cambio, José Manuel, que queremos proponer hoy en Francia. Nuestra ambición no es ser tan mediocre como los demás en cuanto a los objetivos, no queremos estar en la media. Nuestra ambición es ocupar una posición de vanguardia, servir de ejemplo. Francia ha defendido en las Naciones Unidas un New Deal económico y ecológico mundial. Francia no puede esperar que su llamamiento sea escuchado si no se impone a sí misma el máximo rigor. ¿Cómo servir de ejemplo si no puede aplicar ella misma las reglas que querría que utilizaran los demás? Teniendo esto presente he querido organizar esta conferencia multipartita.
Esta conferencia es una forma de compartir tanto la reflexión como las propuestas. Es un éxito. Es un éxito que debemos a las organizaciones no gubernamentales encargadas de la ecología que han sabido estar a la altura de este papel inédito.
Estoy convencido de que si les hubieran dicho a muchas de ellas “pronto trabajarán con él”...No lo daban por descontado.
Es un éxito que debemos a los sindicatos que supieron apropiarse este tema; sé muy bien que es algo nuevo para algunos de ellos. Es un éxito que debemos a todo el sector rural que tuvo la valentía de dar marcha atrás con respecto a sus antiguas posiciones. Es un éxito que debemos a las empresas que también aceptaron estar presentes en esta conferencia. Es un éxito que debemos a las autoridades electas que comprendieron las exigencias de la población.
Y también, por supuesto, es un éxito que debemos a Jean-Louis BORLOO, a quién quiero felicitar muy especialmente, así como a Natalie KOSCIUSKO-MORIZET, a Dominique BUSSEREAU y a todos sus colaboradores. Jean-Louis, has sabido salir airoso de este desafío que te había planteado. Creo que podemos aplaudirte. Este éxito se debe a todos así que ahora nos toca al Primer Ministro y a mí adoptar las decisiones.

Esta conferencia multipartita es un acontecimiento sin precedentes. Todos se han quedado hasta el final en la mesa de negociaciones, en todo caso hasta este momento en que tomo la palabra. Se encontraron soluciones negociadas sobre temas que antes eran tabú. Y, querido François Fillon, de ahora en más nos incumbe una pesada responsabilidad pero también algo muy simple: no decepcionar.
Lo que tengo que decirles es simple: en mi calidad de Jefe del Estado, sus propuestas las hago mías, las defenderé y las pondré en práctica.

Quisiera que esta política fuera ante todo una política de adhesión.

Hace falta tener la valentía de tomar otro tipo de decisiones, de cambiar de métodos, de preferir una decisión negociada en vez de la decisión gubernamental. Pues bien, reconozcamos que el “diálogo a cinco voces” - los sindicatos, las empresas, las ONG, las autoridades electas y la administración - es un éxito sin precedentes.

Esta conferencia multipartita no es el fin sino el comienzo. Y vamos a confiar a los cinco grupos representados el seguimiento de lo que decidieron conjuntamente. Vamos a crear diversos grupos de trabajo: “vivienda”, “transporte”, etc. Pero les propongo que para todos los grandes proyectos, todos, por ejemplo, aquellos sujetos a encuesta pública, la decisión negociada por los cinco grupos representados reemplace la decisión gubernamental.
Es un cambio completo en la lógica de las decisiones del gobierno. Es una revolución en cuanto al método cuyas consecuencias evaluaremos dentro de unos años; les propongo dar a las organizaciones no gubernamentales que se ocupan del medio ambiente el lugar que merecen en nuestras instituciones y, en particular, en el Consejo Económico y Social.

Hace falta tener la valentía de reconocer que no podemos seguir definiendo políticas e ignorando el reto climático, ignorando que destruimos las condiciones que permiten nuestra supervivencia.

  • Primer principio: a partir de ahora todos los grandes proyectos públicos, todas las decisiones públicas se arbitrarán incluyendo su costo para el clima, su “costo en carbono”. Todas las decisiones públicas se arbitrarán incluyendo su costo para la diversidad biológica. Es obvio que un proyecto cuyo costo medioambiental sea demasiado elevado, será rechazado.

  • Segundo principio: vamos a revertir la carga de la prueba. Ya no serán las soluciones ecológicas las que tengan que demostrar que presentan un interés. Serán los proyectos no ecológicos los que tendrán que demostrar que no es posible hacerlo de otro modo. Las llamadas decisiones no ecológicas tendrán que motivarse y justificarse como el último recurso posible. Es una revolución en el método global de gestión de nuestro país y vamos a aplicar de inmediato este principio a la política de transportes. La conferencia multipartita propone una ruptura que yo estoy dispuesto a aplicar. La prioridad ya no será recuperar el atraso en materia de carreteras sino con respecto a los demás medios de transporte.

Asimismo lo aplicaremos a la política de gestión de desechos. La prioridad ya no será únicamente su eliminación sino su prevención. Tendremos en cuenta todas las propuestas que permitan prohibir los desechos inútiles, como los embalajes excesivos e innecesarios, y los someteremos a impuestos. La prioridad ya no será la incineración de desechos sino su reciclado. Para cada nuevo proyecto de incinerador tendrá que demostrarse que no hay otra solución. Ya no habrá incineradores sin control permanente y transparente de la contaminación emitida. Ya no habrá más proyectos de incineradores sin que la destrucción de los desechos sirva para producir energía.
Dicho esto, sé que ustedes no han concluido aún este punto y que todos los trabajos de la conferencia deben continuar. El Gobierno espera sus conclusiones.

Queremos una política a favor de la verdad. Wangari MAATHAI y el Vicepresidente Al GORE tuvieron la valentía de proclamarla: nuestro modelo de crecimiento está condenado. Peor aún, el mantenimiento de la paz mundial será imposible si no hacemos nada.
Nuestros compatriotas no deben percibir los cambios climáticos simplemente a través del derretimiento de la nieve en las pistas de esquí. Los cambios climáticos son centenares de millones de refugiados “climáticos”, conllevan la aceleración de grandes catástrofes, sequías, inundaciones, ciclones, en cierto modo es como Darfour, donde millones de personas desvalidas se ven empujadas por el hambre y la sed hacia otras regiones en las que entran en conflicto con las poblaciones allí instaladas desde hace siglos. Los cambios climáticos conllevan nuevas epidemias, conflictos exacerbados por el acceso al agua y a los alimentos.

Hay que tener pues la valentía de decir que el aumento del precio de los hidrocarburos será permanente. Hay que tener la valentía de decir que antes de finales de siglo ya no habrá más petróleo. Hay que tener la valentía de reconocer que desconocemos todos los efectos a largo plazo de las 100 000 sustancias químicas comercializadas. Hay que tener la valentía de reconocer que no siempre hemos dado el ejemplo.

Los franceses tienen derecho a saber. Tienen derecho a conocer la verdad sobre las amenazas presentes y futuras. Tienen derecho a hacerse su propia opinión. Es un pedido firme de la conferencia multipartita. Por eso vamos a crear el derecho a la transparencia total de las informaciones medioambientales y de las opiniones de los expertos. A partir de ahora se podrán comunicar todos los datos sin excepción, incluidos aquellos relativos a la energía nuclear y los organismos modificados genéticamente (OMG). Los únicos límites serán el secreto de la vida privada - donde queda mucho por hacer -, la seguridad nacional y los secretos industriales.

Esta política de verdad es una política de responsabilidad. Ya nadie podrá decir que no sabía. Todos somos responsables de nuestros actos.
Lo que me permite volver a la cuestión del principio de precaución. Proponer su supresión aduciendo que refrenaría la acción es algo que, en mi opinión, se debe a una gran incomprensión. El principio de precaución no es un principio de inacción. Es un principio de acción. Es un principio de acción y de conocimientos especializados para reducir la incertidumbre. El principio de precaución no es un principio de prohibición. Es un principio de vigilancia y de transparencia. Debe interpretarse pues como un principio de responsabilidad. La responsabilidad forma parte de los valores que quise defender durante la campaña electoral.

Por otro lado, quiero reabrir el debate sobre la responsabilidad y asumir la mía. El que contamina los ríos durante años, el que elabora y vende un producto químico, el que crea un nuevo producto genético, debe ser responsable de sus actos, incluso años después, si ocurre un drama. Así pues, junto con Europa, vamos a eliminar los obstáculos jurídicos para poder ir a buscar a los responsables de la contaminación allí donde se encuentren. No es admisible que una casa matriz no sea responsable de los daños al medio ambiente causados por sus filiales. No es aceptable que el principio de responsabilidad limitada se convierta en un pretexto para una irresponsabilidad ilimitada. Cuando se controla una filial, hay que ser responsable por las catástrofes ecológicas que pueda causar. No se puede ser responsable por la mañana e irresponsable por la tarde. En todo caso, ésta no será la política de Francia.

Quiero volver al tema de los OMG: la verdad es que tenemos dudas sobre el interés actual que presentan éstos usados como plaguicidas; la verdad es que tenemos dudas sobre el control de la propagación de los OMG; la verdad es que tenemos dudas sobre los beneficios sanitarios y medioambientales de los OMG. José Manuel, no quiero ponerme en una posición contradictoria frente a la Unión Europea pero debo escoger. Así pues, respetando el principio de precaución, quiero que se suspendan los cultivos comerciales de los OMG que se utilizan como plaguicidas. Y ello en espera de las conclusiones de un estudio especializado que realice una nueva instancia que se creará antes de finales de año, en estrecha concertación con ustedes, los participantes en esta conferencia sobre el medio ambiente, y con la Comisión Europea. Aquí también asumo mis responsabilidades. Respetaremos nuestros compromisos.

Y la prueba de esta voluntad, José Manuel, es que me comprometo a que Francia trasponga la directiva sobre este tema en la primavera de 2008. Pero no puedo ponerme en una flagrante contradicción, hay un principio de precaución. Hay OMG usados como plaguicidas que quiero suspender en aras del principio de precaución. Al mismo tiempo Francia desempeña su papel en Europa. Francia no ignora en absoluto sus obligaciones. Transpondremos la directiva y discutiremos de ella juntos. La conferencia multipartita propone nuevos principios para servir de marco a la investigación y al cultivo de los OMG. Pienso en el principio de transparencia. Pienso en el derecho de cultivar con o sin OMG. Pienso en la obligación de demostrar el interés sanitario y medioambiental de los OMG. Jean Louis inscribirá estos principios en el proyecto de ley de transposición. Así habrá al menos una regla, la transparencia. Cada uno asumirá sus responsabilidades.

Así pues, esta suspensión de los cultivos comerciales de OMG usados como plaguicidas no significa, quiero decirlo claramente, que debamos condenar todos los organismos modificados genéticamente y, en especial, los más prometedores. Tenemos que acelerar la investigación. No acepto que se destruyan parcelas destinadas a la investigación. Lo que proponemos, en realidad, es el retorno de la democracia: el debate, la transparencia, la decisión exclusivamente por motivos de interés general y no sólo comercial, la responsabilidad. La contrapartida será el retorno de cada uno al ámbito de la democracia y del Estado de derecho: el debate y la controversia, no los abusos y la violencia. Y nadie conseguirá convencerme de que es normal violar la propiedad privada. Quiero decir que respeto las opiniones de quienes no piensan como yo pero honestamente debo decirles que el gobierno, a pesar de su sincero compromiso, también defiende firmemente ciertos principios.

En este sentido quiero referirme también a la energía nuclear. Para demostrar que se puede aplicar una política en la que se diga la verdad y se resuelvan los problemas. En Francia es ilusorio querer hacer frente al desafío del clima, nuestro reto primordial, sin la energía nuclear. Hoy no tenemos otra elección a menos que renunciemos al crecimiento. Tanto antes como después de las elecciones he defendido siempre esta realidad.
Pero eso no significa en absoluto que la energía nuclear tenga que ser la única solución al desafío climático. De ningún modo. Nuestra primera prioridad, y esa es una de las conclusiones de esta conferencia multitpartita, nuestra primera prioridad, decía, es reducir nuestras necesidades energéticas. El objetivo es mejorar nuestra eficacia en materia de energía en un 20% de aquí a 2020. Nuestra segunda prioridad es fijarnos un objetivo superior al 95% de la energía eléctrica sin consecuencias para el clima, es decir, sin carbono. En mi opinión es el único objetivo pertinente para luchar contra los desafíos climáticos.
Tenemos energía nuclear. Aunque no quiero crear nuevas centrales nucleares, sé que no debemos renunciar a esta energía. Pero retomaré los principios que ustedes proponen, en particular el de la transparencia.

Del mismo modo que tenemos el programa nuclear nacional, que se inició en 1974 para reducir nuestra dependencia energética, quiero emprender un programa nacional de energías renovables con el mismo objetivo. ¿Por qué contraponer la renovable y la nuclear cuando todos sabemos que necesitamos ambas? Queremos que Francia sea el líder de las energías renovables, José Manuel, superando el objetivo europeo del 20% de nuestro consumo energético en 2020.
No obstante, me opongo a cualquier precipitación que acabe luego en una degradación del medio ambiente. Los parques eólicos me parecen bien pero primero en los terrenos industriales en desuso y lejos de los lugares emblemáticos. Y, francamente, cuando sobrevuelo algunos países europeos, no dan muchas ganas de instalarlos. También tenemos que reexaminar la política de apoyo a los biocarburantes para el futuro y sin poner en tela de juicio los compromisos asumidos. Quiero que se dé prioridad al desarrollo de biocarburantes de segunda generación, más pertinentes con respecto al desafío medioambiental y también alimentario.
Y concederemos prioridad a los territorios en los que la noción de independencia energética tenga sentido. Pienso en Córcega que debe poder independizarse desde el punto de vista energético (¡como se podía decir una tontería, Señor JACOBI, usted tuvo que sugerirla!). Es muy importante la independencia energética. Imagínense lo que se puede hacer a favor de Córcega al igual que en pro de nuestros departamentos y colectividades de ultramar. Les anuncio que a partir de 2008 iniciaremos el Programa Reunión 2030. Señora Ministra del Interior, podemos dar verdaderamente a esos territorios la posibilidad de convertirse en laboratorios de investigación al servicio de las energías renovables.

En aras de la eficacia el Gobierno emprenderá con Michel Barnier un gran plan para la autonomía energética de las explotaciones agrícolas.

De esta forma habrá una auténtica reducción del porcentaje de energía nuclear en nuestro consumo energético y también una reducción de las energías productoras de carbono, nefastas para el clima. Continuaremos investigando sobre la energía nuclear y lanzaremos un plan de desarrollo de energías renovables. ¿Por qué escoger cuando necesitamos ambas?

Quisiera decir que la política del medio ambiente es una política de inversiones.

Asimilar la política ecológica a una “marcha atrás” es una impostura. Las mayores contaminaciones se dan tanto en los países ricos como en los países pobres. Las mayores agresiones contra el clima se producen en los países ricos y en los países pobres. Seamos realistas, no vale la pena intentar convencer a los países en desarrollo de que deben seguir siendo pobres porque el crecimiento les estaría vedado. No vale la pena intentar convencer a los franceses de que tienen que vivir con privaciones para el bienestar de las generaciones futuras.

Lo que hay que hacer es invertir masivamente para crear las condiciones del crecimiento del futuro. Por ello vamos a elaborar un gran programa nacional de desarrollo sostenible.

Retomo las palabras del Vicepresidente Al GORE que quiere un “Plan Marshall” para Francia y para todo el mundo. En 1947 fue un éxito y debe serlo hoy también. Sir Nicholas Stern estimó la inversión necesaria en el 1% del PIB. Les recuerdo que el Plan Marshall de entonces representaba el 2% del PIB. ¿Quién puede dudar en la actualidad de que fue eso lo que permitió los treinta años de prosperidad que siguieron? La solución no está en la acumulación de los gastos públicos y de los impuestos. Lograremos el éxito con las inversiones. Ante todo la inversión en la investigación, en el progreso tecnológico, y en la evolución del comportamiento. Innovación y creatividad. Dedicaremos mil millones de euros en 4 años a las energías y los motores del futuro, la diversidad biológica y la salud medioambiental. Cada euro que gastemos en la investigación nuclear irá acompañado de un euro para la investigación en las tecnologías limpias y en la prevención de los daños al medio ambiente. Queremos dar el ejemplo en ambos aspectos.

Vamos a invertir masivamente en los transportes. Digo que el Estado se equivocó al desentenderse del desarrollo de los transportes urbanos. Hoy el problema es la congestión del centro de las ciudades. Voy a reinstaurar la participación del Estado en la construcción de carriles de autobús, bicicletas y tranvías. Fuera de la región Ile-de-France se construirán más de 1500 kilómetros.
El tren de alta velocidad (TGV) es un inmenso progreso. Construiremos 2000 kilómetros de líneas nuevas. Les propongo que se establezca el principio de que las vías férreas disponibles se dediquen al flete. Gracias a ello, en 2020 habrá 2 millones de camiones menos que atraviesen Francia de norte a sur.
Vamos a rehabilitar el transporte fluvial y marítimo. Francia dispone de excelentes posibilidades. Les propongo un plan de inversiones en enlaces fluviales que eliminarán un millón más de camiones de nuestras carreteras de aquí a 2020. Y me comprometo a rehabilitar nuestros puertos para que las mercancías entren por fin a través de ellos y no simplemente por carretera. Tendremos que debatir de ello con algunas organizaciones sindicales.

Y luego una política masiva de inversiones en la construcción.

Es una prioridad y también una urgencia. Queremos reducir el consumo de energía de los edificios.

Les propongo utilizar dos reglas. Ya antes de 2012 todos los edificios nuevos que se construyan en Francia tendrán que cumplir con las llamadas normas de “bajo consumo”; y a partir de 2020 todos los edificios nuevos funcionarán con “energía positiva”, es decir, que producirán más energía que la que consumirán. ¿Por qué 2020? Porque en la actualidad no tenemos las empresas y la mano de obra necesarias, y porque hace falta un trabajo de formación considerable.

El reto mayor lo constituyen los 30 millones de viviendas y edificios antiguos. Vamos a duplicar la cantidad de edificios antiguos renovados cada año y alcanzar las 400 000 viviendas antiguas renovadas anualmente. Este programa comenzará con las 800 000 viviendas sociales que están degradadas hoy en día.

Por último, aplicaré una regla simple para todos los aparatos electrodomésticos, televisores, equipos de audio y otros que originan un enorme aumento del presupuesto energético de los hogares.

Cuando exista una alternativa a un precio razonable, se prohibirán los aparatos que consuman más energía. Lo pondremos en práctica a partir de 2010 para las bombillas incandescentes o las ventanas de cristal simple.

Política de inversión masiva en la agricultura.

Una agricultura sostenible porque hay 800 millones de personas que mueren de hambre. Desde ahora y hasta 2050 habrá tres mil millones de seres humanos más. ¡No nos van a decir que no necesitamos la agricultura! La agricultura es el reto mayor. Por eso no queremos una agricultura que agote los suelos ni una agricultura que utilice cada vez más productos químicos peligrosos. Este mensaje, José Manuel, lo transmitiré desde el comienzo de la presidencia francesa de la Unión Europea en el segundo semestre de 2008, en ocasión del gran debate de orientación sobre los principios fundadores de la política agrícola común de 2013.

Los debates de la conferencia multipartita mostraron que se pueden hacer grandes progresos para fomentar una agricultura y una pesca de gran calidad medioambiental.
Desde ya todos los comedores de instituciones públicas propondrán al menos una vez por semana una comida con productos procedentes de la agricultura biológica. Es lo mínimo que podemos hacer. Con el Primer Ministro determinaremos objetivos mucho más importantes en los meses y los años venideros.
Me comprometo a que los pliegos de condiciones de los restaurantes de las colectividades impongan productos de calidad o procedentes de explotaciones homologadas. Hay productores de calidad y es el Estado, a través de los pliegos de condiciones del sector público, el que debe ayudarlos, no a través de discursos sino mediante decisiones. _ Lo que no se haga por voluntad propia, nosotros lo impondremos como obligación.

Y el Estado será el precursor; a partir de 2008 todos los ministerios y todas las administraciones harán un balance de carbono y emprenderán un plan para mejorar en un 20% su eficacia energética.
A partir de 2008 el código de licitaciones públicas será reformado para que las cláusulas medioambientales ya no sean facultativas sino obligatorias.
A partir de 2008 todos los proyectos de edificios públicos respetarán las mejores normas de rendimiento energético. Y a partir de 2009 todos los vehículos nuevos de las administraciones no tendrán que producir contaminación.

Este gran programa no es un gasto sino una inversión. Es la inversión más rentable que podemos hacer hoy.

Apenas para el sector de la construcción vamos a crear 100 000 empleos y nuevas ramas de formación.
En cuanto al sector de las nuevas energías, se crearán 50 000 empleos.
La independencia en energía de Francia va a mejorar y lograremos reducir la factura energética de los hogares en casi el 40% antes de 2020.

Queremos una política de incitación.

La conferencia multipartita fue un excelente revelador. Los franceses esperan una gran vuelco ecológico. Eso, claro está, suscita sospechas. Pero el principal desafío no reside en convencer; el principal desafío es decidir.

Les propongo crear un derecho a la alternativa para todos. Las decisiones medioambientales no deben dejar a nadie en un callejón sin salida ni en una situación insostenible. Si la prohibición de acceso al centro urbano para los coches impide que alguien vaya a trabajar, entonces la colectividad debe proponerle una solución de transporte alternativa. No se puede castigar a las personas, hay que ofrecerles incentivos.

Me retrucan que esta política cuesta cara y que hace falta crear una nueva fiscalidad para financiarla. Son los mismos que se oponen a la política sobre medio ambiente y que están convencidos de que no podemos hacer nada más.
La contaminación representa un costo para la sociedad. La contaminación es una deuda que legamos a nuestros hijos.

Creo que la renovación de los edificios se puede rentabilizar en menos de 10 años gracias a la reducción de la factura energética.

Con respecto a los transportes, veo que nadie se inquietaba antes del costo de las carreteras. ¿No podemos financiar los transportes alternativos reduciendo los fondos asignados a la construcción de carreteras?

Además, hay que dejar de concebir la fiscalidad ecológica como un instrumento para financiar los gastos adicionales del Estado.
Es por eso que me comprometo a que los impuestos destinados al medio ambiente se utilicen para la financiación del mismo.

Propongo que se cobre un impuesto a los camiones que atraviesan Francia y que utilizan nuestra red vial. José Manuel, no hay ningún motivo para que Francia acoja a todos los camiones que evitan las carreteras de nuestros vecinos. Ese impuesto servirá para financiar los transportes colectivos.
La conferencia multipartita propone un impuesto ecológico anual para los vehículos nuevos más contaminantes. Quiero que este impuesto permita financiar la desaparición de los autos viejos y contaminantes gracias a una prima destinada a su destrucción, progresiva y duradera, para ayudar a la compra de un vehículo no contaminante.

Y, para incitar a cambiar de comportamiento, no encontramos nada mejor que el sistema de precios. Hoy, los precios no reflejan la realidad de la contaminación ni de la escasez. Ustedes proponen etiquetar los productos de consumo habitual para indicar su costo en carbono. Es un primer paso.

Yo quiero ir más lejos. Quiero plantear la cuestión del precio del carbono. Y José Manuel BARROSO es el inventor del sistema. No es normal que un producto que da la vuelta al mundo sea más barato que un producto local porque el precio de su transporte y de su producción no tiene en cuenta sus emisiones de gas a efecto de invernadero.
Yo le planteé esta cuestión a la Unión Europea. Fuimos los primeros en aplicar a nuestras principales empresas un sistema de cuotas para limitar sus emisiones nefastas para el clima. No es normal que los competidores que importan los mismos productos a Europa no estén sujetos a ninguna obligación.
No quiero dar por cerrado el caso so pretexto de que sería complicado. Hay que tratarlo a nivel comunitario. Señor Presidente, hay que estudiar la posibilidad de cobrar impuestos a los productos importados de los países que no respetan el Protocolo de Kioto.Nosotros impusimos normas medioambientales a nuestros productores. No es normal que sus competidores puedan quedar totalmente exentos. Así pues les propongo que, en un plazo de seis meses, la Unión Europea debata lo que significa una competencia leal. El dumping medioambiental no es una práctica leal, es un problema europeo que debemos plantearnos.

La conferencia multipartita llegó a la conclusión de que se necesitaba estudiar la creación de un impuesto “clima-energía”, es decir, un impuesto sobre las energías fósiles.
Quiero sentar los siguientes principios:
Me opongo a cualquier fiscalidad adicional que recaiga en los hogares y las empresas. No es cuestión de aumentar la tasa de retención obligatoria. Y el gobierno está en contra de cualquier gravamen sobre el poder adquisitivo de las familias. Cualquier impuesto nuevo debe estar estrictamente compensado.

La fiscalidad ecológica no tiene sentido a menos que permita un cambio de nuestro comportamiento. Sólo tiene sentido si favorece nuevas formas de producción e innovaciones. No tiene sentido si sanciona injustamente a nuestros compatriotas e inútilmente a nuestras empresas.
Cuando existe un producto “limpio”, debe costar menos que uno contaminante. José Manuel, pido que se cree un IVA reducido para todos los productos ecológicos que respetan el clima y la diversidad biológica, y lucharé por ello.

Estoy de acuerdo en que sigamos reflexionando para lograrlo. _ La fiscalidad ecológica no debe resumirse a una compilación de pequeños impuestos. Es necesaria una profunda revisión. El objetivo es gravar más la contaminación, en particular las energías fósiles, y gravar menos el trabajo.
Me comprometo a que la revisión general de los impuestos obligatorios se oriente hacia la creación de un impuesto “clima-energía” en contrapartida de una reducción de los impuestos sobre el trabajo y la competitividad, Señora Ministra de Hacienda, y para preservar el poder adquisitivo, Señor responsable sindical.

Por último, una nueva democracia es una democracia irreprochable.

Vamos a pedirle al Parlamento cada año que controle la ejecución gubernamental de la política de desarrollo sostenible.

El desarrollo sostenible no puede seguir siendo una política que ignora la diversidad biológica. Administrar la naturaleza no es un lujo de país rico. Es una exigencia.
Vamos a emprender un programa nacional de lucha contra los elementos artificiales en los suelos. Los documentos de urbanismo y de planificación respetan el principio del mantenimiento de la diversidad biológica, incluso permitiendo medidas compensatorias.
Las ciencias naturales recuperan su lugar en la enseñanza y en las asambleas científicas más prestigiosas. Vamos a crear una red de espacios verdes en Francia y, por qué no en Europa también, que permita a las especies desarrollarse, migrar y sobrevivir a los cambios climáticos.
Una política de desarrollo sostenible ya no puede ser una política que ignore la importancia de la salud medioambiental. El asma y las alergias aumentan desmedidamente. El cáncer en los niños afecta cada vez a más familias.

Vamos a multiplicar por cinco los créditos dedicados a la vigilancia medioambiental.

Ya es hora de tomar en serio el uso creciente de plaguicidas, de los cuales los agricultores son las primeras víctimas.

Pido a Michel Barnier que antes de un año me proponga un plan para reducir en el 50% el uso de plaguicidas, cuya peligrosidad es bien conocida, en los próximos diez años, de ser posible. Como ven, he seguido con atención el ritmo de sus trabajos hasta estos últimos minutos. De lo que se trata es de lograr la adhesión de todas las instituciones a esta política.

Le corresponderá pues al Parlamento adoptar una ley programática que determinará los principios y los objetivos de la política francesa de desarrollo sostenible a largo plazo.
Le corresponderá al Parlamento decidir la creación de Comisiones de Medio Ambiente en ambas cámaras. ¿Cómo decir que el medio ambiente y el desarrollo sostenible son una prioridad si no existe una comisión, un lugar para debatir justamente del tema? Daremos más libertad a las colectividades locales para que decidan su propia política medioambiental. Por ejemplo, tendrán que decidir libremente sobre la posibilidad de crear peajes urbanos...Y las que quieran ir más lejos, podrán solicitar una ley de experimentación . Dejémonos de debates absurdos entre los partidarios del peaje urbano y sus adversarios. De otro modo, ¿para qué sirve haberle dado la autonomía de gestión a las colectividades, si no les permitimos decidir con plena responsabilidad la financiación de grandes instalaciones que les permitirán eliminar los embotellamientos de los centros urbanos?

Es una elección pues, y es elegir la responsabilidad y la confianza.

Queremos una democracia irreprochable frente al experto, un experto demasiadas veces ausente o criticado. Queremos modificar el proceso de decisión público incorporando un verdadero recurso a la evaluación de la situación. Mucho hemos logrado al reagrupar las 45 instancias, 45 instancias y organismos especializados interesados en el tema. Quiero reformar profundamente los fundamentos de las decisiones públicas para restablecer la confianza.

Este New Deal ecológico, Francia no lo realizará sola. Quiere hacerlo con Europa, a la cabeza de la política medioambiental europea, con la Comisión, con el Parlamento.

Señor Presidente, todas las iniciativas de la Comisión por acrecentar las normas, Francia las apoyará. Pienso en las normas de emisión de los vehículos. Hace falta la norma más exigente para todos.

Las propuestas de la Comisión Europea para la energía y el clima resultarán estratégicas para el futuro de Europa. Quiero que los trabajos se aceleren y que logremos definir nuestra política bajo la presidencia francesa.

Europa ha estado siempre a la vanguardia. Gracias a usted, Europa ha creado el “mercado del carbono” para obligar a las grandes empresas a limitar sus emisiones. Francia no ha sido totalmente ejemplar ni tampoco siempre ambiciosa sobre este punto. No obstante, vamos a colocarnos en el frente de este combate.

Señor Presidente BARROSO, defenderé sus propuestas más ambiciosas. Pediré que las cuotas se fijen por sector y no por Estado para evitar las luchas de influencias. Pediré que los derechos de contaminar sean atribuidos en subasta, hasta el 100% si el sector lo permite.

Y luego, le pediré que nos dote de una verdadera política de lucha contra el dumping medioambiental, que imponga a los productores fuera de nuestras fronteras el respeto de nuestras exigencias. Me refiero al impuesto al carbono así como a la obligación de controlar el efecto de las sustancias químicas comercializadas en Europa.

Y, si imponemos a nuestros agricultores reglas que ellos aceptan, ya basta de aceptar que en Europa se importen productos que no respetan ninguna de las reglas que imponemos a nuestros propios productores. No es justo.

Pues, como ven, ha llegado la hora de actuar. Hemos esperado demasiado. No podemos seguir esperando. Nuestra responsabilidad es ante todo moral e individual.

Como el Presidente Al GORE, no creo que podamos sustraernos a nuestros propios errores invocando los errores ajenos.
Como ustedes bien saben, Señor Presidente BARROSO, Sr. Vicepresidente Al GORE, para llegar a dónde estamos hoy, para que un hombre como yo pueda pronunciar un discurso que propone tantos cambios, para que nuestras familias políticas sean capaces de aceptar oír este discurso, y quizás incluso apoyarlo, para que un gobierno de la República, ¿verdad Sr. Primer Ministro?, esté dispuesto a asumir compromisos públicos, hace falta convicción... ¿Cómo pretenden que no lo hagamos?

Asumir la complejidad, la dificultad, las pruebas, las decisiones que acabo de enunciar.

Para que en esta sala se encuentren las ONG o las organizaciones sindicales que se imaginaban a años luz de distancia de nuestra propia opinión, de nuestro razonamiento, y que hasta ahora nadie haya abandonado la sala, eso es una prueba de que Francia está cambiando, Señores Presidentes.

Pero este cambio de Francia queremos ponerlo al servicio de Europa y del mundo. Si Francia ha comprendido que su deber era actuar, es porque Europa debe actuar y que el mundo debe reaccionar.

Me gustaría que entendieran algo, que hemos decidido hacerlo, lo hemos hecho tanto en nombre del corazón como de la razón. _ Lo hemos hecho en medio de dificultades de todo tipo y sé que con el gobierno y el Primer Ministro, vamos a tropezar con la inercia, la rutina, el egoísmo, la ceguera, la ideología...
Pero les digo esto: lo que he dicho esta tarde, lo haremos y lo haremos juntos.

Muchas gracias por haberlo entendido.

París, 25 de octubre de 2007

 

Vía: Embajada de Francia en España

 

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