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Entrevistas - Economía internacional
Escrito por Katja Gloger   
lunes, 04 de agosto de 2008

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El hombre que hizo temblar el Sistema Monetario Europeo con sus malabarismos financieros, dueño de una de las mayores fortunas del mundo, hace tiempo que se ha reconvertido en filántropo y activista político. Nadie mejor que él para emitir un diagnóstico sobre la actual crisis económica y sugerir soluciones.

 

GEORGE SOROS: «ESTAMOS ANTE EL FINAL DE UNA ERA: LA DE LA SOCIEDAD DEL BIENESTAR»

 

George Soros, nacido en Budapest hace 78 años, se ganó la vida como empleado de unos baños y como camarero antes de ejercer sus dotes de malabarista financiero como broker en Wall Street, para lo que estudió Filosofía y Economía en la London School of Economics. Hoy dirige su propio fondo de inversiones desde finales de los años 60. Saltó a la fama en 1992, cuando sus movimientos especulativos forzaron al Banco de Inglaterra a devaluar la libra esterlina, operación con la que ganó 1.000 millones de dólares. En la actualidad, su fortuna está valorada en cerca de 9.000 millones de dólares.

  • XLSemanal. Señor Soros, ¿cómo se siente un especulador en días como los que estamos viviendo?
    George Soros.
    [Vacila, finalmente sonríe.] No es algo fácil, pero cuando la gente me pregunta a qué me dedico, sigo contestando: «Sí, soy especulador». Especulo en el terreno de las finanzas, pero también en el de las actividades benéficas y en el de la filosofía. Y en este último sentido es en el que más orgulloso me siento de ser un especulador.

  • XL. Los mercados financieros internacionales, en los que usted ha ganado miles de millones durante estos últimos años, fueron calificados por Horst Köhler, presidente de la República Federal de Alemania, como «un monstruo». ¿Se siente concernido por esa crítica?
    G.S.
    [Vuelve a dudar.] Probablemente haya algo de verdad en esa afirmación. Para ser claro: soy un especulador, pero no defiendo la especulación actual…

  • XL. ¿Cómo hay que interpretar estas palabras?
    G.S.
    Yo me atengo a las reglas. Y llevo tiempo pidiendo que se mejore el control de los mercados financieros, los criterios para la concesión de créditos, por ejemplo. En ese sentido, el presidente alemán tiene razón. Tenemos que regular mejor el capitalismo, de una vez por todas. Si no lo hacemos, él mismo se acabará destruyendo, nos destruiremos todos.

  • XL. Parece que ya está pasando: los precios del petróleo y de los alimentos básicos están por las nubes. El Estado del bienestar se encuentra amenazado en los países desarrollados, y en los países pobres ya se han producido huelgas y protestas. ¿Los especuladores están conduciendo al mundo a la próxima gran crisis?
    G.S.
    Es cierto en parte. Cualquier forma de especulación se basa también en la realidad. Tomemos el ejemplo del petróleo: hay gran cantidad de motivos objetivos para que su precio siga subiendo.

  • XL. ¿Por ejemplo?
    G.S.
    Oferta y demanda. Muchos campos petrolíferos son viejos, su producción se está reduciendo parcialmente, por ejemplo en México y Arabia Saudí, los principales suministradores de Occidente. Esto hace que la oferta sea menor. Además, muchos productores prefieren conservar sus reservas bajo tierra, en la confianza de que los precios sigan subiendo. A esto hay que sumarle la demanda de países como China y la India. Y los precios elevados ayudan a estabilizar regímenes autoritarios y corruptos como los de Venezuela, Irán o Rusia. Es como la maldición de las materias primas. Es algo realmente perverso.

  • XL. Así que, en realidad, los especuladores son inocentes…
    G.S.
    No, por supuesto que no. Los especuladores han creado la burbuja sobre la que descansa todo. Han tirado de los precios hacia arriba con sus expectativas, con sus especulaciones sobre el futuro, y sus actividades han alterado los precios, los han deformado, sobre todo en el campo de las materias primas. Es como acaparar alimentos en época de hambruna para beneficiarse con la previsible subida de los precios. Esto no debería permitirse. Por eso yo pido que se les prohíba a los grandes fondos de pensiones estadounidenses invertir en materias primas. Los fondos de inversión también deberían atenerse a unos requisitos mínimos si quieren invertir en materias primas. La carrera actual por hacerse con ellas me recuerda a una idea recurrente hace 20 años. En aquella época, todos estaban locos por las llamadas `carteras de seguros´. Al final, los inversores acabaron desequilibrando el mercado. Se cometieron excesos que terminaron en la crisis bursátil de 1987.

  • XL. ¿No nos encontramos ahora ante la amenaza de una crisis semejante?
    G.S.
    Nos estamos adentrando en la crisis financiera más profunda desde los años 30. En los últimos tiempos hemos visto cómo estallaban varias burbujas, como la de las acciones tecnológicas y, más recientemente, la del mercado inmobiliario. En este último sector, la crisis aún no se ha manifestado en toda su magnitud. Creo que todavía no hemos visto ni la mitad de la caída de precios. En el próximo año habrá más de dos millones de propietarios incapaces de pagar sus hipotecas. Ya se está produciendo una enorme destrucción de patrimonio.

  • XL. Usted ha llegado a hablar de una `superburbuja´...
    G.S.
    Sí. Empezó a formarse en 1980, cuando se asentó la ideología del fundamentalismo del mercado.

  • XL. De acuerdo con la cual los mercados debían autorregularse, había que rechazar el intervencionismo estatal y eliminar las limitaciones.
    G.S.
    Había que confiarlo todo a la libre interacción de las fuerzas económicas. En realidad no fue un descubrimiento estadounidense. Comenzó en Gran Bretaña con Margaret Thatcher y fue llevado a Estados Unidos por el republicano Ronald Reagan. El presidente Reagan llegó a hablar de «la magia del mercado». Ni que decir tiene que muchos lo consideran una especie de santo. Pero los tan alabados mercados empezaron a cometer toda clase de excesos que ya no podían ser controlados. Los tipos de interés eran tan bajos en Estados Unidos que los bancos animaban a los ciudadanos a que cada vez pidieran más dinero prestado. Es algo sorprendente, casi irresponsable. Al mismo tiempo existía la confianza de que el Estado intervendría cuando las cosas se pusiesen feas.

  • XL. Como en el caso del derrumbe del banco de inversiones norteamericano Bear Sterns, acaecido hace sólo unos meses. El Banco Central estadounidense inyectó miles de millones en el sistema bancario para impedir nuevos desastres.
    G.S.
    Sí, así se les salvó el pellejo; prácticamente se compró su libertad. Sin embargo, el supuesto boom acabó convirtiéndose en una crisis. Y eso es lo que estamos viviendo ahora: el final de un superboom, el fracaso de una ideología equivocada. Estamos asistiendo al final de la sociedad del bienestar, al final de una era.

  • XL. ¿Hasta qué punto está enferma la economía estadounidense?
    G.S.
    Creo que la recesión es inevitable. Estados Unidos prácticamente ha absorbido el dinero de la economía mundial durante años porque el dólar era la divisa base y también una divisa de reserva. Nos hemos dedicado sobre todo a pedir prestado dinero, hemos consumido más de lo que hemos producido y estamos endeudados. Pero el dólar es cada vez menos una divisa de reserva. Los precios suben, las crisis inmobiliaria y crediticia penden sobre nosotros como una espada de Damocles. Apenas tenemos margen de maniobra. Y Europa también ha cometido errores: ha subido los tipos de interés por miedo a la inflación. No es una medida inteligente. Es cierto que la recesión parte de Estados Unidos, pero los europeos están a punto de importarla.

  • XL. ¿Es éste el legado de la Administración Bush? Fue él quien definió la crisis económica como «un momento interesante»...
    G.S.
    Critico a Bush por muchos aspectos de su política, pero en este campo ha sido sólo un alumno aplicado. Su peor legado es, con diferencia, la llamada `guerra contra el terrorismo´, fue el pretexto ideal para la guerra contra Iraq. Bush socavó nuestros derechos civiles y los fundamentos de nuestra Constitución.

  • XL. Usted afirma que Estados Unidos es el mayor obstáculo para conseguir un orden mundial estable y justo.
    G.S.
    Sí, y lo peor es el abuso del concepto de democracia por parte de Bush. A lo largo de mi ya larga vida he dedicado la mitad de mi fortuna a fomentar la democracia en el mundo...

  • XL. Ha invertido miles de millones de dólares en su Instituto de la Sociedad Abierta...
    G.S.
    … y he aprendido que la gente debe buscar su propio camino hacia la democracia. En el mejor de los casos, sólo se les puede ayudar a encontrarlo. Pero la democracia no se puede imponer. Bush ha abusado de los principios de la democracia. Ése es su legado.

  • XL. Sólo le quedan unos meses en el cargo. ¿Con qué sucesor especula George Soros?
    G.S.
    Si dependiera de ustedes, los europeos, la elección sería clara: Barack Obama.

  • XL. ¿Y sería una buena elección?
    G.S.
    Sí. Barack Obama es una personalidad extraordinaria. Tiene el potencial para transformar Estados Unidos. Lo demuestra su propia carrera, su vida de ciudadano negro en una sociedad blanca, sus esfuerzos por buscar la reconciliación. Tiene la capacidad para afrontar los grandes problemas del país. El día de las elecciones, a la gente sólo le interesa una cosa: su puesto de trabajo, la crisis inmobiliaria. Todo girará en torno a la economía.

  • XL. Muchos dudan de que Estados Unidos acabe eligiendo a un negro como presidente.
    G.S.
    Creo que está preparado. Y sería algo positivo para el mundo. Obama posee una buena comprensión del mundo, de lo que otras personas sienten, de cómo viven. Y Estados Unidos necesita urgentemente esta comprensión del resto del mundo. Además, los republicanos han perdido todo su prestigio.

  • XL. Sin embargo, John McCain, el antiguo héroe de guerra, parece tener posibilidades.
    G.S.
    Lo respeto, respeto su historia. Pero es prácticamente un fósil. No, está demasiado anclado en el pasado. Es como elegir a Herbert Hoover...

  • XL. … Aquello ocurrió en 1929 y terminó en la Gran Depresión.
    G.S.
    No tengo ninguna duda de que John McCain es un buen hombre. Simplemente no es la persona adecuada para esta época.

 

Vía: XLSemanal

 

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