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Opinión - SOStenibilidad
Escrito por Daniel Gómez Cañete   
jueves, 31 de julio de 2008

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El duelo por la muerte del mundo que conocemos dificulta la aceptación de la realidad

La psiquiatra estadounidense de origen suizo Elisabeth Kübler-Ross, especialista en la respuesta humana ante la muerte, resumió en cinco estadios progresivos nuestra reacción frente al final de la vida: negación, ira, regateo, depresión y aceptación.

 

DE LA NEGACIÓN A LA ACEPTACIÓN

 

En su libro Peak Everything, el autor Richard Heinberg dedica uno de los ensayos que aparecen en éste a la "psicología del cenit del petróleo y el cambio climático". Entre otras consideraciones, como una pobre propensión a reaccionar adecuadamente frente a problemas que se desarrollan lentamente y que son difíciles de personalizar o la inmadurez psicológica que nos impediría pensar más allá de nuestro propio bienestar y por tanto obviar las consecuencias de nuestros actos que afectarán a generaciones futuras, Heinberg nos recuerda que "los cinco estadios del dolor" de Kübler-Ross han sido propuestos como una guía para entender las reacciones humanas frente a los retos medioambientales y energéticos. En este caso, lo que llega a su fin es la fiesta de los hidrocarburos baratos, una muerte, que por anunciada no deja de suponer un duro golpe.

El primer de los estadios es la negación: "no puede ser, no puede estar pasando, no puede estar pasándome esto a mi". Es el más simple e intuitivo (¿cuantas veces negamos con la cabeza ante las malas noticias?). Es la primera línea de defensa.

El segundo estadio es la ira, y en el caso que nos ocupa solemos dirigirla hacia algún colectivo o persona hacia la que dirigimos nuestro enfado. La aceptación ha empezado, pero se torna en ataque: "la culpa es de la OPEP, de los especuladores, de las petroleras, del nuevo orden mundial, de los ecologistas que no dejan perforar más, de las profecías malthusianas, de los decrecentistas, etc".

Más tarde llega el regateo, el intento desesperado de proponer una solución que haga desaparecer el problema: "si dejasen trabajar al mercado, si perforásemos más pozos, si construyésemos más centrales nucleares, si llenásemos el Sahara de paneles solares...". En este punto muchos empiezan a creer en inventos absurdos, móviles perpetuos, energía "gratis", a fantasear con tecnologías incipientes creyéndolas panaceas...

El cuarto estadio, una vez superadas las no soluciones a la desesperada, corresponde a la depresión. Este es un estadio peligroso, por su fuerte carga de negatividad, que conviene dejar atrás rápido. "No se puede evitar el desastre, todo está perdido" son pensamientos que paralizan.

Finalmente llega la aceptación, y con ella, la capacidad de afrontar el problema reconociéndolo tal y como es y no tal y como nos gustaría, según nuestra forma de ser, ideología, profesión o prejuicios. Con la aceptación viene la revisión crítica de los hechos, que bien podría llevarnos a corregir nuestra mala primera impresión inicial: ¿es esta crisis también una oportunidad? Pero es importantísimo poder aceptar que existe un problema, y dejar las excusas y las reacciones instintivas de lado para poder pasar a la acción. A una acción informada, que no la sustente el pensamiento mágico o un peligroso panglossianismo.

Finalmente, conviene recordar que la mejor manera de saber si estamos realmente frente a un problema digno de hacernos pasar por los cinco estadios que definió Kübler-Ross es estudiarlo con detenimiento. En el caso de la crisis energética y medioambiental, como explicaba en un artículo anterior, será necesario informarse. Como regla general, desconfíe de los argumentos que dejan atrás los datos y se centran en los intereses ocultos o que muestran un optimismo desmedido: no hay nada más peligroso que un optimista desinformado.

 

Vía: www.crisisenergetica.org
Daniel Gómez Cañete
Activista y divulgador ambiental
www.crisisenergetica.org

 

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