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Opinión - Economía
Escrito por Luis Miguel Martín Rubio   
lunes, 23 de junio de 2008

 

GARANTIZAR EL FUTURO

 

Hace ya algunos años, y con motivo de mi viaje de luna de miel, tuve la ocasión de estar en Disneyland en Orlando, además de conocer a Mickey, Pluto, Blancanieves y demás personajes en vivo y en directo recuerdo que en un recodo del Parque de Atracciones grabado en una piedra había un rotulo que decía: “ Esta tierra que pisáis no es una herencia de vuestros padres sino un préstamo de vuestros hijos “, aquella frase se me quedó archivada en mi personal disco duro y suelo recordarla y repetirla con frecuencia.

Nos hemos acostumbrado a vivir con unas altas cotas de confort y comodidad que nos resulta duro por no decir imposible el prescindir de ello, no nos imaginamos la vida sin luz, sin teléfono, sin lavavajillas o sin aire acondicionado. Incluso nos es difícil el imaginar como nuestros antepasados podían vivir sin ellos, salvo que algunos de aquellos se nos estropee.

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Hoy en nuestras vidas hay un elemento que es ya imprescindible, y este es la energía, a pesar de ello no somos conscientes del incalculable valor que tiene la obtención de los recursos que hacen más agradable y confortable nuestra vida cotidiana. Incalculable por que no solo debemos evaluar su coste económico sino que además tenemos que considerar el coste que supone para la naturaleza y la salud del medio ambiente teniendo en cuenta que se trata de un bien escaso y agotable. La obtención de materias primas como el carbón o el petróleo son cada vez más complicados y sus precios en los últimos tiempos han subido de forma desorbitada - aún tenemos el triste recuerdo de las últimas movilizaciones de los transportistas - .

Las economías familiares son responsables del treinta por ciento del consumo total de energía en nuestro País y de estos el doce por ciento corresponde al uso del vehículo y el dieciocho restante al uso de electrodomésticos. Lo anterior debe llevarnos a pensar si cada uno de nosotros hacemos un uso ordenado y adecuado de la energía. Se trata de un bien que debemos compartir con el resto de los ciudadanos y que además es cada vez más demandado. Es fundamental que nos empeñemos en utilizar la energía de una forma eficiente e inteligente y para ello debemos adaptar nuestra conducta a sencillas y cotidianas prácticas de conducta con las que contribuiremos a reducir sustancialmente nuestros consumos sin renunciar a nuestro confort. La práctica de la eficiencia energética , además, es muy agradecida pues nos produce unos ahorros importante que notaremos en los recibos y en nuestros bolsillos.

Medidas tan simples como apagar la luz cuando abandonamos una habitación, comprar electrodomésticos de bajo consumo , el elegir los aparatos adecuados en tamaño y potencia, su limpieza y mantenimiento prolongan su vida y ahorran energía, el apagar totalmente el televisor – incluido el puntito rojo- , o utilizar lámparas de bajo consumo en aquellos puntos de luz que estén encendidos durante largo tiempo. Estas serían una pequeña muestra de una larga lista de medidas que redundarán en un razonable ahorro energético y que además notaremos en nuestra propia economía.

Todos tenemos que ser conscientes de que tenemos que compaginar nuestro crecimiento económico con un menor gasto de energía, el desarrollo y el progreso no pueden estar peleados con la preservación del medio ambiente, y para ello es importante también todos los avances que se acometan para el uso de las denominadas energías limpias o energías renovables, aquellas que nos proporcionan el sol, el agua , el viento o la biomasa. En nuestro País, además, somos muy dependientes de suministros externos para la fabricación de energía, por ello que en los últimos años se estén realizando todos los esfuerzos posibles para una mayor generación de las renovables. Combinar crecimiento con ahorro energético es el camino que debemos emprender y confiemos que esa tendencia se consolide. Se trata en definitiva de contribuir a mantener un buen estado de bienestar y comodidad doméstica pero sin que ello suponga que tengamos que hipotecar el futuro de nuestros hijos, pues como decía el rótulo de Disneyland esta tierra es “un préstamo de nuestros hijos “ a los cuales algún día habremos de entregar el planeta en las mejores condiciones posibles. Y ello aunque sólo sea para que también ellos puedan ver confortablemente un partido entre España e Italia, y a ser posible con aire acondicionado.

 

Vía: ABC.es de SEVILLA

 

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