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Noticias - SOStenibilidad
Escrito por Enrique Badía   
jueves, 13 de marzo de 2008

Hace ya algunas fechas que el barril de petróleo ha superado esa barrera que llaman psicológica de los 100 dólares y continúa encareciéndose, sin síntomas de invertir la tendencia alcista que mantiene desde hace poco más o menos un par de años.

 

LA ENERGÍA NO TIENE MODELO

El impacto de la cifra es indudable, pero conviene matizar que, medido en dólares, el precio ronda ahora mismo los máximos alcanzados en el tramo final de la crisis iniciada en 1979 (mitad de los años 80) y que, calculado en euros, el encarecimiento es menor. También cabe anotar que, tomando como referencia los dos shocks petroleros del último tercio del pasado siglo, hay que considerar que, en términos generales, se ha reducido apreciablemente el consumo de energía primaria por unidad de PIB, con unas ganancias de eficiencia significativas en muchos de los aspectos más intensivos, tanto de índole doméstica como industrial. Pero no se ha hecho, en general, de forma suficiente para eliminar el problema.

Dicho todo eso, parecería oportuno asumir que el abastecimiento energético supone un elemento de elevada incertidumbre y vulnerabilidad. Y la realidad es que ni Europa en su conjunto ni España individualmente parecen estar otorgando la requerida prioridad al tema, o al menos no se percibe que se articule una política más o menos compartida para hacer frente a la situación. La realidad comunitaria es, como en tantas otras cuestiones, que cada país parece estar buscando sus propios caminos de solución.

Huelga decir que haber pasado, un tanto abruptamente, de una abundante disponibilidad de energía relativamente barata, a prácticamente lo contrario, antes o después habrá de tener repercusión. Pero de momento no se nota: parece imperar la creencia de que todo puede seguir más o menos igual.

Pese a todo, da la sensación de que el debate energético no está en la agenda: las discusiones al respecto suelen ceñirse a cuestiones medioambientales o aspectos de índole accionarial de las empresas que, sin desmerecer la importancia de unos y otros, no es seguro que formen parte de las prioridades que corresponde abordar.

Una cuestión a tener en cuenta es hasta qué punto o durante cuánto tiempo la economía española se puede permitir el escenario presente sin verse afectada por desequilibrios de crecimiento, riqueza y renta. Dicho de otra forma, en qué medida es sostenible mantener consumos por unidad de producto superiores al resto de economías desarrolladas, dependencia del suministro externo de gas y petróleo entre las más elevadas de la OCDE y, en general, un absoluto descuido por mejorar la eficiencia energética del conjunto.

Hace falta un modelo energético renovado, realista y sostenible que trascienda la bucólica apelación al creciente uso de fuentes energéticas que se saben limitadas o cuyos costes reales son inasumibles salvo que medie subvención presupuestaria para cubrirlos. Diseñarlo, discutirlo, acordarlo y ponerlo en marcha no será fácil y, en todo caso, sus efectos serán más a medio y largo que a corto plazo, pero es de sentido común que precisamente por eso urge comenzar: cuanto antes se den los primeros pasos, antes se empezará a notar.

Fuente .- ESTRELLADIGITAL.es

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